jueves, 22 de marzo de 2018

Un Deseo en Vísperas de Año Nuevo


Por: Manuela Barrios
Temática libre 

Nos conocimos hace unas semanas, él con su sutil presencia empezaba a seducirme y más que eso a intrigarme. Cruzamos miradas y algunos contactos fortuitos por vivir bajo el mismo techo. Al cuarto día ya éramos inseparables. La quinta noche lo invité a dormir conmigo. Nos acostamos temprano, me dio un par de besos pero la noche siguió. Él me arrulló con sus profundas respiraciones y el sueño nos duró hasta la madrugada. Desde ese día compartimos la estrechez de una cama sencilla. Él concilia el sueño cerquita de mi cuerpo del que no se despega y yo, con sus suspiros, me profundizo hasta que el sol decide cuando es hora de abrir los ojos. En las mañanas no hay mucho que queramos decirnos, a veces me da por hablarle, le hago preguntas pero nunca responde algo que yo entienda...aun así creo que cuando su cola se estremece como péndulo invertido con mis cuchicheos o su lengua me embadurna o sus ladridos de bienvenida me aturden son formas de decirme que me extraña.

Groot fue el nombre del perro que mi roommate, quiso ponerle a su regalo de cumpleaños. Desde que el chandoso llegó a la casa, me lo robaba cada noche para que desde pequeño se acostumbrara a mi olor. A los tres meses me mudé de esa casa en donde las hormonas de 4 mujeres estuvieron a punto de hacernos volar en átomos. Hui cerca pero el can y su dueña, ahora en embarazo, corrían a refugiarse en el hotel mamá. Este diciembre un mensaje de voz me dio la mala noticia antes del feliz año...la música de fondo era una canción de salsa de esas que te hacen oler los cañaverales. Mi ex vecina me contaba que su perro había muerto hace una semana por intoxicación severa. Me sentí en otro tiempo, en cámara lenta mientras mi tío me ofrecía un vaso con 12 uvas para los deseos de media noche. Mi mente estaba petrificada pero mi cuerpo automáticamente actuaba acorde a la situación. Pocas lágrimas y mi cara inexpresiva saludaron el nuevo año con un vaso lleno de manjares morados. Mi único deseo fue que Groot no hubiera sufrido una muerte agónica y prolongada pero fue en vano. El segundo audio era una voz femenina, entrecortada por el llanto, al contarme las últimas horas de un peludo que hasta hoy extraño.




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