miércoles, 21 de marzo de 2018

Revoluciones Psicóticas

Por Jaime Garzón Bermeo
Temática libre


Antes de volarme la tapa de los sesos, tratare de hacer una última maniobra. Cometer un último pecado, sentencia en contra de la esclavitud, un misil: el rencor hacia una sociedad podrida y corrupta. Toda cordura. Cada partícula de exceso. Todo en absoluto será silencioso,  y serás espectador de la noticia más popular de mañana. Es la inconformidad con el sabor de la sangre en la boca consecuencia de los atentados contra la realidad, impulsándome vida sin la velocidad juvenil sin el luto de los occisos.

Ahora solamente será cuestión de lavarse la cara, de leer un poco la prensa,  anudarse la corbata, sostener una mirada en el tránsito, fumarse varios cigarrillos, y tomarse uno que otro café. Hacerle buena cara al clima lluvioso, y de dejar la resaca como un leve malestar obligatorio que se pierde en la labor: la última tarea.

- La vida José- , -Que pereza una tener que cuidar matones de jacuzzi, club y piscina-.
-Ratas de ciudad-
- ¿No te cansas de esto, todos los días?
-Hasta mañana. Creo que no conviene hablar más, estoy cansado y hoy será mi último día de trabajo.

Un largo camino en tranvía,
Un tembloroso rastro de cobardía,
Dos paquetes de cigarrillos, Uno a medio a acabar.

Mi Colt brilla dentro de la chaqueta. Mi mente vuela en deseos sanguinos,  rituales.
-¿Cómo olvidar el terror de tus huesos, a través de ésta adrenalina?- No importa. No importa quien venga y te comparta una caricia, si es la guerra lo que te ciega… Si es la venganza.

Permanece la certeza de vivir aún bajo esa la ley, la ley del gozque. La plaza lentamente se llena multitudinaria. No vale mucho el castigo, si el premio es tu deceso. Nacimos en el peor presente. Agitados por la violencia y la ley del camino, caminar, caminar como única forma de huir tus pasos azufrados, de los fusiles negros que se extienden de tus deseos a las mieses fértiles de valles y montañas.

Seis de la tarde. Sólo queda apuntar el revólver y acabar de raíz el problema. Finiquitar la vuelta. Pagar el precio de una deuda, sin importar que firme con mis disparos la seguridad de la muerte. Matar y morir.

AL FINAL: Apuntar el revolver sin remordimientos, disparar a pesar de los gritos, a pesar de los disparos.

AL FINAL:  Ver los sesos de su jefe pintando las paredes del centro de convenciones, antes de la muerte: Las caras desesperadas de los cerdos en la carnicería, todos esperando entre maquillaje y falsedad; las cámaras, las entrevistas y las leyes, Esperando ser celebridad brillar en el jet-set de los rosales y el poblado.

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